dimarts, 9 de setembre de 2014

Diada explicada per estrangers.

Un any més s’acosta l’11 de setembre i sembla que després d’anys de grans manifestacions, quan s’està més a prop que mai de votar el futur de Catalunya en tant que estat propi o només regió al si d’Espanya, comencen a registrar-se defeccions i gent que es fa enrere. No arribat encara el dia, proposem un article que excedeix la llargada habitual dels continguts en Diblogacions, però que es justificaria per ser  un encàrrec.  

Dit article va ser originalment encomanat en castellà perquè per molt que un crega dominar una llengua, ho fa per a la traducció a la seua materna i no per a la producció activa en altres. A més, cal tenir en compte que dit article era encàrrec de gent que treballava per a la publicació francesa Presseurop (hui Voxeurop.eu) que arreplega textos de caire polític de diaris o publicacions de tota Europa, i treballa en nou llengües com ara el portuguès, l’alemany, holandès, txec, italià, francès, polonès i castellà, a més del romanès. Com que jo no sóc periodista habitual sinó professor no es va agafar el text directament de mi sinó d’una publicació romanesa “Dilema Veche”, també d’orientació político-cultural, i d’ahi fins i tot a Foreign Policy. Això explica el que al present text original en castellà, adjuntem un parell de connexions als originals siga en romanès de “Dilema Veche” que de l’al·ludida publicació francesa Presseurop / Voxeurop. 

L’idea que rau al fons de dit article és doncs, explicar als estrangers el perquè de Catalunya com a regió, llengua i cultura, i els motius per els quals es sent insatisfeta al si de l’estat espanyol. Com sempre, esperem que vos agrade i agraïm els comentaris.
 

Cataluña explicada a extranjeros. 

Hoy mismo tiene lugar en Cataluña una cadena humana por la independencia. El concepto no es nuevo, ya fue utilizado previamente por los actuales estados bálticos independientes de Estonia, Lituania y Letonia allá por 1989, en los estertores finales antes del desmoronamiento de la U.R.S.S. Se trataba pues, de visualizar un anhelo de libertad y reafirmación de la cultura propia, que muchos habitantes de los citados estados consideraban que no se podían obtener de una U.R.S.S de tintes absolutistas, rusófila y rusofonizante. 

Por supuesto que se podría argumentar que el actual estado español democrático dista mucho de ser análogo al ruso-soviético y es percibido mayoritariamente en el extranjero, como un país moderno y dinámico, con buenas infraestructuras y una buena calidad de vida en general. El problema es que esa misma calidad de vida está seriamente amenazada ahora mismo por una crisis económica sin precedentes, y así España puede presentar a Cataluña como una insolidaria región rica que quiere abandonar a sus vecinos históricos en un momento difícil para la patria. Para gran parte de los españoles de a pie y la prensa o medios de comunicación y políticos afectos a la idea de una nación unida, se trataría de continuar unidos como siempre hasta superar todos juntos la actual coyuntura negativa a nivel económico. Sumar esfuerzos y no disgregar estos. Mañana los medios discutirán ampliamente sobre el éxito y fracaso de esta iniciativa, unos la demonizarán y otros la ensalzarán. Para esto existe un nombre en español, la “guerra de las cifras”. Dicha guerra de cifras empezará mañana y hasta hoy mismo en la tarde-noche. A mí no me gustaría entrar en ella sino explicar brevemente cómo se ha podido llegar a ella, la génesis de dichas divergencias. 

En España hoy en día se presenta a todo aquel no afín a la preponderancia de la lengua castellana y la capitalidad en Madrid, como un nacionalista, se habla así de nacionalistas vascos o catalanes, de gallegos nacionalistas, etc. Se parte de la idea que España es una antigua nación de habla castellana en su conjunto pese a que en otras regiones se hablan también otras lenguas y valga la redundancia, llamadas regionales. Pese a ello, la realidad es otra, y poca gente sabe que aproximadamente un cuarto de los ciudadanos españoles, no tiene el castellano como lengua materna. Este dato de uno sobre cuatro que uno puede encontrar en la calle puede parecer mucho pero cabe todavía sumarle el hecho de la concentración regional; si uno va a las regiones donde se hablan las llamadas lenguas “regionales”, se encontrará que la proporción sube y mucho, pues la lengua habitual de comunicación diaria en ellas es la propia de cada región, y no el castellano. El castellano serviría pues como una especia de lingua franca panhispánica. Vistas las cosas, la realidad es que la configuración cultural del estado español guarda más puntos de concordancia con países multilingües como Suiza o Canadá que con países monolingües como Alemania, el Reino Unido o Francia. Por poner un ejemplo, una persona en Vancouver no cuestiona que un quebequés quiera expresarse en francés ni le tachara de insolidario o separatista por ello, ni criticará su acento. En Suiza, un francófono o hablante de alemán, por hablar de las dos lenguas mayoritarias en el país helvético, no cuestiona que la gente se exprese en italiano en el Cantón del Ticino, o en romanche, en las zonas donde esta lengua autóctona es todavía hablada. Sin embargo, en España, las cosas distan mucho de ser así, y la persona castellanohablante que se desplaza a Barcelona, Valencia o Alicante por citar ejemplos de grandes ciudades donde se habla catalán, muestra con frecuencia su enfado por encontrar señales de tráfico o anuncios por megafonía en estaciones o aeropuertos, en una lengua distinta al castellano, y dice que por qué no hablan  cristiano o la lengua de todos como mínimo. 

Ello nos lleva a analizar que mal que bien y pese que a algunos les moleste, la realidad lingüística española dista mucho de ser unitaria. Opinan los partidarios de la preponderancia lingüística del castellano, que ésta es una lengua de alcance mundial mientras que el resto de lenguas son minoritarias, regionales únicamente. Con el mismo argumento se podría entonces que los coreanos o mongoles, por citar ejemplos de vecinos de la potente China, deberían estar contentos de abandonar sus lenguas y hablar la lengua de esta última. Más ejemplos en Europa, debería pues un danés u holandés abandonar su lengua porque esta es minoritaria con respecto al alemán o los previamente citados estados bálticos agradecer la común (o impuesta) lengua rusa. Veamos pues como se llegó a la actual situación de preponderancia lingüística del castellano con respecto de sus convecinos nacionales gallego, catalán o vasco.  

Analizado desde un punto de vista espacial, con la excepción del vasco, lengua no latina y localizada en una pequeña porción de territorio en el norte de la península junto a la frontera francesa, vemos como podemos dividir los dominios lingüísticos del resto de lenguas en franjas verticales de izquierda a derecha. En la vertiente atlántica se habla el gallego y su hermana extensión al sur que es el portugués. En el centro de norte a sur también, se habla el castellano, mientras que en la fachada mediterránea, se habla catalán. Todas estas lenguas son producto de la desagregación del latín. Con la caída del Imperio Romano, cada región y no sólo en la Península Ibérica, comenzó a hablar un dialecto propio que con el tiempo devendría una lengua. Así, vemos que en Nápoles la gente nunca habló francés o que en París nunca se habló rumano, se hablaron lenguas con ciertas resemblanzas debido a su común origen latino, pero cada territorio desarrolló su lengua. Esto se aplica también a la Península Ibérica, donde en Santiago de Compostela nunca nadie habló vasco, ni en Salamanca catalán. Por ello mismo, y pese a lo que los partidarios del castellano propugnan, en Cataluña nunca se habló castellano (como tampoco se habló francés, rumano o italiano…). 

Se han producido importantes malentendidos por cuestión de la denominación. En el extranjero se da por español, lo que en España mismo se entiende por castellano, es decir la lengua de las regiones centrales de norte a sur. El problema viene de la antigua Hispania romana, evolucionada a España. En Hispania se hablaba latín, pero con la caída del Imperio Romano y la invasión musulmana, esta lengua dejó de ser hablada y a caballo de los Pirineos, en actual territorio tanto francés como español, es decir en el Rosellón francés y en la actual Cataluña, se habló catalán. Esta misma lengua fue llevada en expansión hacia el sur durante la llamada Reconquista al sur, a Valencia y Baleares. Así las cosas, la actual lengua catalana, tiene orígenes milenarios y no es la invención de ningún nacionalista separatista como parte de los medios quieren hacer creer, y la hablan entre once y trece millones de personas desde Perpiñán en Francia hasta Alicante e incluso Alguer en Italia, en una extensión de territorio unido de unos 900 kilómetros de extensión. Vemos pues que el catalán es una lengua propia con una extensión territorial o de hablantes superior a la del checo, húngaro o griego, y nadie cuestiona que un checo pueda expresarse en su lengua en Praga o que la rotulación de carteles en Budapest sea en la lengua magiar. En España, los hablantes de castellano dicen con frecuencia al desplazarse a territorio catalanohablante que los catalanes son unos radicales, unos fanáticos, unos nacionalistas, por querer expresarse en su lengua en su territorio. El señor que quiere hablar castellano en Madrid o Toledo, en cambio, no será nunca tildado de nacionalista ni radical por hablar su lengua en su territorio. 

Con el advenimiento de la actual dinastía reinante, los Borbón, a la muerte del último rey de la dinastía de los Austrias sin descendencia, se importó el sistema centralista monolingüe francés, se prohibió la publicación de libros en catalán y se impuso el castellano como única lengua administrativa. Esta prohibición de la utilización de la lengua catalana a efectos prácticos, data de 1714 con los llamados “Decretos de Nueva Planta”, se podría decir que duró hasta mediados de los años ochenta del pasado siglo veinte, pues ningún gobierno derogó estas leyes de manera efectiva. Franco se mostró abiertamente hostil a la lengua catalana y persiguió duramente cualquier manifestación de la misma. La lengua catalana estuvo pues excluida del sistema educativo o cultural durante unos tres siglos, pese a ello, sigue siendo hablada por más de diez millones de personas que la consideran suya. A diferencia de lo que se cree en otras regiones castellanohablantes, en Cataluña no se odia el castellano sino que se la considera un elemento más en su política de multilingüísmo activo, pues no es raro que muchos catalanes, aparte de bilingües en castellano, sean también francófonos o dominen el italiano, mientras que los castellanohablantes suelen ser únicamente monolingües.  Desde que a la muerte de Franco, se abrió el país al multipartidismo, nunca en Cataluña ha ganado las elecciones un partido que no fuera estrictamente catalanista en sus postulados, es decir, nacionalista visto desde Madrid. Con todo ello queremos decir que pese a los siglos de interdicción formal de la lengua catalana, la gente se ha atenido a la misma como un importante factor de cohesión identitaria. 

Ahora mismo, el actual gobierno conservador, introduce trabas para el aprendizaje del catalán, apostando por la lengua común de todos los españoles, el castellano, pues ve que a mayor conocimiento de la misma, mayor identidad nacional catalana. Por ello llevó al Tribunal Supremo nacional el llamado “Estatut d’autonomia”, un conjunto de leyes propias con aspiraciones de estado nacional, creando un gran descontento que llevó a la calle hace un año a más de millón y medio de personas en abierta rebeldía contra el estado central y a favor de la independencia de Cataluña. Guerra de cifras, hubo quien dijo que fueron muchos menos, pero lo cierto es que fueron las manifestaciones más masivas que se recuerdan desde el fin de la dictadura. Por todo ello, y por los ataques que se han seguido perpetrando (o así han sido interpretados) contra la identidad catalana, la gente ha decidido emular la cadena humana báltica.  

Y todos estos son argumentos mayormente históricos, pero hay otros y no menores, y son los económicos. Cataluña es por demografía la segunda región española detrás de Andalucía, pero es al mismo tiempo la más rica, tras el pequeño en extensión y población País Vasco, y a la par con la Comunidad de Madrid, donde se asienta la capital estatal. Cataluña se siente autorizada a proclamar su alteridad cultural y afrontar su propio futuro económico, es decir la independencia con respecto de España, y el estado español difícilmente puede aceptar dicho desafío, por el potencial económico y demográfico catalán. Un último argumento, Cataluña comparte lengua e identidad con otras grandes regiones económicas como la Comunidad Valenciana o las Islas Baleares. Si estas regiones decidieran unirse a Cataluña en su proceso emancipador, España perdería la segunda y tercera ciudad del país, Barcelona y Valencia, así como importantes centros turísticos como Palma de Mallorca o Alicante. Por ello, el choque de trenes está servido y la guerra de cifras se anuncia inminente, yo por mi parte, espero haber clarificado en parte a gente no habituada con los entresijos del estado español, las fricciones internas del mismo, atendiendo a viejas razones históricas por una parte, y modernas, de tipo económico, por otra.

 


http://dilemaveche.ro/sectiune/portile-occidentului/articol/razboiul-cifric-spaniol

 

1 comentari:

Pausa ha dit...

BONISIMA l'aclaració! m'agradt molt vaig a compartir-lo amb gent (sense discutir) Gra7s